Sociedad Venezolana en conjunto con el Gobierno de Brasil y la ACNUR asisten y reubican a venezolanos que están en zonas limítrofes de Brasil

Hace unos días, nos reunimos con refugiados venezolanos que salieron por la crisis económica y política del país, hacia Brasil.  Es por eso, que el Gobierno de Brasil, Sociedad Venezolana y la Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), ofrecimos un asistencia y los reubicamos al interior del país, para que no se quedaran en Roraima o en otras zonas limítrofes con Venezuela, y así tuviesen más oportunidades.

En febrero de 2018, el presidente Michel Temer, declaró estado de emergencia social en la frontera con Venezuela por la llegada masiva de venezolanos, asimismo se ha comprometido a no cerrar la entrada a los venezolanos.

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1 thought on “Sociedad Venezolana en conjunto con el Gobierno de Brasil y la ACNUR asisten y reubican a venezolanos que están en zonas limítrofes de Brasil”

  • LA TRISTEZA DEL ÉXODO.

    Un golpe dio en mi puerta la mano de un viajero.
    –Prosigue, peregrino, que es amplia mi mansión.
    Yo tengo pan y lumbres y pieles de cordero
    Para los caminantes que en árido sendero
    Soportan la ventisca del frío Septentrión.

    Y penetró el viajero. Sobre su sien tostada
    Por soles de extranjera canícula bravía,
    Adiviné su historia, la historia desolada
    De los atormentados que en lívida bandada
    Van por el negro túnel de la melancolía.

    –Hermano pensativo, lloroso visionario
    que ante mi umbral detienes tu peregrinación,
    ¿Quién eres y qué buscas en viaje funerario?
    ¿Vas al jardín pomposo o al yermo solitario?
    ¿Acaso peregrinas buscando un corazón?

    ¿Por qué ese traje negro con que tu carne vistes?
    ¿No llevas algún rumbo sobre el oscuro mar?
    ¿Por qué tienes los ojos tan hondamente tristes?
    ¿Que yugo de martirios innúmeros resistes?
    ¿Hendieron tu coraza las flechas del pesar?

    Y respondió el viajero: ni esclavo ni monarca
    Me llaman en mi aldea jacobo el pescador;
    De padres montañeses nací en una comarca
    De valles apacibles; mi herencia fue una barca
    De lonas que mecían las auras con rumor.

    Tenía una cabaña sencilla entre palmeras,
    Tenía unas campiñas de vívido matiz,
    Un huerto todo espigas y músicas ligeras
    Y había en mis montañas olor a enredaderas
    Al agitar sus alas el céfiro feliz.

    Un día el viejo invierno de blanca vestidura
    Prendió en las cordilleras sus sábanas de tul,
    Regó por los peñascos sus copos de blancura,
    Tendió su terciopelo de nieve en la llanura
    Y desató plumones sobre la mar azul.

    Dobláronse los lirios; los árboles regaron
    Sus hojas a los soplos del viento mugidor;
    Las suaves golondrinas a otra región volaron;
    Fatídicas las ondas del mar se encabritaron
    Y se perdió en las ondas mi barco pescador.

    Después llegó la guerra como un corcel fogoso
    Con el ijar herido por el jinete cruel,
    Y ausente de mi huerto florido y sonoroso
    Crucificó el hastío mi sueño venturoso
    Contra los paredones del húmedo cuartel.

    Volví de nuevo un día, después de la refriega,
    A los alegres campos que fueran mi heredad,
    Y hallé ya derruida la casa solariega,
    Sin flores los rosales, sin pájaros la vega
    Y el huerto hecho zarzales en honda soledad!

    ¡Mis campos eran ruinas! Un huracán de hielo
    pasó desmelenando las copas del pinar…
    Miré a los horizontes: ni un ave batía el vuelo
    y estaba todo triste, las cúspides y el cielo,
    Y al pié de un sauce amigo me recliné a llorar!

    Y desde entonces vago por todos los caminos
    Sin que una voz amable me dé consolación.
    Recorro las llanuras, los montes azulinos
    Y nadie me consuela…. Los páramos andinos
    No son tan solitarios como éste corazón!

    Las gentes me olvidaron. No hay hombre que me tienda
    Su mano a los impulsos de la fraternidad;
    No hay labio que me bese, no hay alma que me entienda.
    Yo soy un nuevo Dante perdido en una senda
    Callada y tenebrosa como la eternidad!

    Las leyes me llevaron al campo del combate
    Y un día, a mi regreso, cuando no tuve pan,
    La ley no me dio nada! Y al poderoso embate
    Del hambre, ante el altivo palacio de un magnate,
    Porque pedí un mendrugo me despidió un guardián!

    Señor, yo no sé nada, no sé lo que persigo,
    Me siguen en bandadas los cuervos del dolor!
    Si hay hambre, ante los regios alcázares maldigo,
    Si hay frío, alzo los ojos y llamo al DIOS amigo,
    Y DIOS…. Está tan lejos que no oye mi clamor!

    Sé que hay atormentados que ruedan por la vida
    Juguetes de un destino tiránico y fatal
    Y sé que ese pedazo de humanidad vencida,
    En trágicos instantes, con mano fratricida,
    En pechos de magnates sepulta su puñal!

    Señor, cuando en olvido se mueren los que gimen,
    Cuando en el rico alcázar no hay para el pobre un pan,
    Cuando los potentados al infeliz oprimen,
    Mis manos se estremecen con ímpetus de crimen
    Y agito mis puñales al son del huracán!

    Era la media noche cuando calló el viajero.
    Silbaba la ventisca del frío Septentrión.
    Fortifiqué de panes la alforja del romero,
    Eché sobre sus hombros un manto de cordero
    Y lo oprimí un instante contra mi corazón.

    Y me quedé en silencio, con emoción extraña,
    Pensando en el enigma de la fatalidad,
    En ese peregrino sin pan y sin cabaña
    Que va desamparado por una senda huraña,
    Callada y tenebrosa como la eternidad!

    El autor es JUAN BAUTISTA JARAMILLO MEZA (Jericó 1892-Manizales 1978)

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